domingo, 16 de agosto de 2009

Silla
(Del lat. sella).
1. f. Asiento con respaldo, por lo general con cuatro patas, y en que solo cabe una persona.

La silla es el mueble, el utensilio diario que más se acerca a lo antropomórfico; su silueta es como una frase inacabada donde falta el final, es como una forma ausente, refiere constantemente a eso que le falta: una persona… ni tan siquiera un taburete es tan evocador.

Reconstruir la población de un pueblo por la reunión de este mueble en la plaza del pueblo (la plaza, como punto neurálgico de cualquier centro urbano), se convierte en un espectáculo sin final, mudo y a la espera, una no-reunión: su figura individual alude a cada dueño que la ha prestado.
Esta conversión de cifra a silla, humaniza en la forma, su sentido de molde humano así como pieza indispensable de cada hogar, utilizada a diario, pero también en el proceso, cada cual decide participar o no, adquiriendo el término “población” un significado de compromiso y elección. Es un acto sin remuneración, sin diversión (aparente) y con cierto aspecto de cansino: acordarse, llevar la silla, dejarla; supone un esfuerzo, aunque pequeño, que no se cuanta gente esta dispuesta a afrontar…
Es por eso, que este proyecto nace como una reivindicación tranquila de identidad, como un pueblo habitado y cohesionado, consciente, participativo e interesado, no solo en sí mismo, sino en su propia imagen y en el sentido básico de comunidad: autoestablecer un una cifra de población, no solo para corroborar y/o desmentir los números que aparecen en las diferentes páginas web acerca de Alcóntar (y con lo que comporta, de ellos mismos), sino para dotarlos de significado y de responsabilidad colectiva a través de cada uno, un número que no serán absolutamente todos, pero serán todos los que quieran estar, formar parte de.

Un objeto que refiere a lo físico y a lo simbólico de este, de dimensión humana; un objeto cuotidiano, real y propio, de la intimidad hogareña se hace un acto de confianza en el proyecto, en la artista y en los demás vecinos, para desmentir, jugar, reivindicar o corregir la información sobre sí mismos procedente de la dimensión de lo impersonal y lo virtual, haciéndose partícipe, sin dejar la información del pueblo a terceros e impregnándola de vida.

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