





Pasan de las 9 de la noche, tardo un poco en subir, yo también estoy cenando.
Hay relativamente poca gente aunque proporcionalmente, mucha: alguien tomando el fresco, alguien tomando algo y niños tomando sitio en la plaza.
La perspectiva de participación no es buena, más bien me desalienta bastante, pero ya que estamos aquí…
Dejo la 0,6 silla en un lugar visible de la plaza, esperando junto a Maya, sabiendo que, en lo que cabe, esa media forma ilógica y rozando lo inútil, llamará la atención y curiosidad de alguien y se convertirá en una especie de anzuelo.
Los niños se acercan a preguntar, esa media silla esa media silla está realizando su función no metafórica…; les repito todo lo que ya les había contado, uno: “ya, yo ahora voy a buscarla; otro: “¿pero es una silla por casa o por persona? Porque mi padre dice que es por casa pero yo creo que no”.
Mmmm, algo de “pregonaje” por el pueblo ha hecho mella en los habitantes… mientras, los de casa de Anica han dejado unas sillas al lado de la 0,6, y pienso que por lo menos, tres o cuatro personas más de la familia de Consuelo traerán su silla.
Esos niños con los que hablaba traen unas sillas y siguen jugando por la plaza. Yo voy haciendo fotos.
Mis mejores expectativas, unas quince sillas, parece que van camino de cumplirse, con algunas sillas de las casas colindantes a la plaza, más de uno con el que he hablado por la tarde y alguno que lo consideraba des del inicio.
El número va subiendo y mi ánimo con él, pronto son ya quince… y más, en menos de una hora hay 30 sillas, de las cuales 28 dispuestas en orden horizontal a partir de la 0,6 y 2 ocupadas por dos señoras mayores (con lo cual, se cumplía mi deseo inconfesable de hacer uso), y una carretilla, que no cumple los requisitos básicos de lo que se conoce como silla pero ¿quién no ha se “ha montado” en una? Tiene cierta gracia…
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