

Otro hecho espontáneo fueron las etiquetas: de las preparadas solo se usaron cuatro, pues pocos más lo consideraron oportuno; mientras que otros -sospecho que alguna familia y otros allegados- escribieron su nombre en un papel de libreta, para que se viera bien y dejaron uno en cada asiento.
El hecho de no querer etiqueta tiene cierta lógica, cada uno conoce más que bien la silla que utiliza cada día más de una vez, pero me sorprendieron las hojas con los nombres que se trajeron, deduzco dos cosas:
1. Les quedó claro que la silla no se utilizaría para sentarse.
2. Que cada silla representaba a uno.
-aspectos básicos y reiteradamente preguntados-
De lo que no estoy segura es si realmente sabían para que iban a ser utilizadas (o desutilizadas), si esperaban un acto, que algo sucediera o, bien al contrario, sabían que no iba a suceder nada, ni tan siquiera iban a ser “gastadas” (buen motivo para ceder una silla), y podrían ser retiradas y/o usadas en breve.
En todo caso, y siendo testimonio de cómo cada silla fue traída por un solo miembro, considero su colaboración especial, pues no lo dejaron en manos de otros miembros de la familia el hecho en sí mismo de traer (aunque, del mismo modo, aquellos que se afanaron en traer más de una silla para no solamente representarse a ellos sino también a otros, es digno de mención), y de aceptar “Las normas” establecidas de antemano para la acción, tuvieran o no sentido para ellos. Reafirman al cuadrado la finalidad anteriormente mencionada: ser conscientes y convencidos de formar parte de Alcóntar.
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